martes, 20 de septiembre de 2011

Summer's over. I'm back

El verano termina. Los viajes acaban. La rutina te ataca por la espalda, sin dejarte capacidad de reacción, y, de repente, te ves preparándolo todo para la presentación de tu nuevo instituto, con un blog abandonado al que debes atender y un millón de preguntas en la cabeza sobre tu primer día de curso, la gente que conocerás y cómo llegarás a la sala de actos sin perderte.

Ni siquiera me había dado cuenta de que mi última semana había llegado, de que tenía que decir adiós a los dominicanos, al todo incluido, a las playas cristalinas y al sol caribeño. Que, a lo bueno, una se acostumbra rápido.

Así que, una vez descansé de esa horrible noche de vuelta en avión, con ese horroroso dolor de espalda y unas cargantes ojeras adornando mi cara, decidí hacer mi última salida de vacaciones. Esta vez al cine y paseo por Madrid. Caminata larga y charlas antes de empezar de nuevo.

El lunes comenzó con sueño y con un pesado dolor de cabeza al que fue fácil dar largas. Una simple pastilla bastó para que se diese por vencido y me dijese adiós.

Tras un largo desayuno, -debo confesar que también alargado por mi estómago, que se cerró negándose a dejarme en paz- me vi vestida y preparada en el coche mientras observaba, por enésima vez, esos edificios de Madrid que sabía que ya había visto. En realidad no me importaba mucho, solo trataba de centrarme en otra cosa que me alejase de esa presentación. Nervios del primer día, que se llaman. El caso es que estaba atacada.

Veo la puerta desde lejos y, de repente, los nervios empiezan a gritarme en los oídos. Se hicieron presentes en un instante. Dejaron claro que estaban ahí, que iban a quedarse y que no precisamente para ayudarme a tener un placentero día. Eran egoístas e inseguros, necesitando dejar claro su espacio, pero yo traté de obviarlos y entré por la puerta.

La cantidad de gente que me rodeaba me dejó completamente alucinada, casi tanto como que todos se conocían entre ellos y no parecía haber nadie nuevo. Llegué a secretaría con un hombre siguiéndome, ya que él no sabía llegar por sí mismo. Yo, a su vez, perseguía a los remolinos de personas que pasaban por mi lado -Porque yo sabía por donde ir, pero por si acaso...- Y terminaban entrando por la puerta de ese lugar que yo también buscaba. Vi como la gente iba a un mismo lugar y decidí mirar que había allí, descubriendo mi clase y número.

Después esperé, esperé, jugueteé con mi anillo y observé a todos los que se quedaban a mi alrededor. Miré todo lo escrupulosamente que la situación me permitía a las personas que allí estaban y, una vez la secretaría comenzaba a quedarse desierta, volví a seguir a la multitud. Ellos me llevaron sin saberlo hasta la sala de actos.

Entré y volví a investigar con la mirada a la gente que ya estaba dentro. Busqué un sitio libre y, además, a cualquier persona cercana que no estuviese en ninguno de esos grupos. La encontré, me fijo en ella, ropa normal y nadie alrededor -Tampoco voy a andarme con remilgos el primer día- Me acerco a paso normal y me siento a su lado como si no hubiese sido algo pensado previamente, sino que me había sentado en el primer sitio libre que había visto. No hablamos, nos miramos de vez en cuando, pero no decimos nada. La directora comienza a hablar y, de repente, el murmullo que parecía entretenerme se termina.

Quince minutos más tarde, hablan de llevarnos a nuestras clases. Llaman por número según la lista y, la chica que estaba a mi lado, -La que yo había decidido que estuviera- me pregunta que dónde puede ver eso, que no se había fijado. El murmullo vuelve a aparecer y ella viene conmigo hasta la clase, esperando que la nombrasen también en mi lista y evitar así perderse en esa pequeña ciudad que es el Ramiro de Maeztu.

Llegó mi nombre y también llegó el suyo. Tras ese momento, parecía que los nervios habían conseguido ser silenciados casi en su totalidad. Horarios, charlas y preguntas vinieron después, esperando sentadas al primer día de clase, que se antojaba mejor de lo que había imaginado. Y esos nervios volvieron, pero con menos fuerza. Hasta que al tercer día dejaron de buscarme, y ya no han vuelto.

PD. Espero que no mireis demasiado con lupa la entrada. Acabo de volver de unas largas y antiestresantes vacaciones, así que tampoco es nada del otro mundo. Necesito aún algo de tiempo para volver a la rutina del todo y que esto vuelva a ser lo que era.